Otro modo de ser

Hola, ¿cómo estás? Desde el 3 y hasta el 7 de diciembre, en paralelo a la FIL Guadalajara, se lleva a cabo el XXVIII Congreso Internacional de Literatura Mexicana, cuya narrativa se titula: Querellas y nuevas querellas de mujeres. En él, la CASUL participa con la ponencia “Querellas y resistencias desde las artes visuales. México y Latinoamérica”, a cargo de Guadalupe Alonso Coratella, su directora. Es por ello que en el último newsletter de este año enlazamos algunas autoras e ideas que vindican y reivindican lo femenino desde el cuerpo y la rebeldía. Que vindican y reivindican Otro modo de seri. Querella. En el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española a la palabra querella se la define como “discordia”, “pendencia”. También se le atribuyen palabras sinónimas como queja, demanda, litigio, pleito. En consecuencia, querellante es aquella persona que demanda, que pelea, que se querella. Ya conocemos esos círculos infinitos que producen los diccionarios. ii. Creencia. Según Santo Tomás, la mujer era un varón mutilado. iii. Vindicación. En el siglo XV, una mujer, Christine de Pizan (1364-1430), publicó La ciudad de las Damas (1405), la única que hasta ese momento (y bajo su propio nombre), tomaba la palabra y vindicaba la causa femenina en un debate sobre la naturaleza (inferior) femenina que ya llevaba, por lo menos, un siglo ocurriendo en la Europa Occidental y al que se le conoce como La Querella. No recuerdo si fue antes o después, se debatía, también, si las mujeres tenían alma o se las debía colocar a nivel de los animales o de las plantas. iv.Seres salvajes. Escribe Silvia Federici en Calibán y la Bruja: «Las mujeres eran acusadas de ser poco razonables, vanidosas, salvajes, despilfarradoras. Fue especialmente acusada la lengua femenina, era considerada un instrumento de insubordinación». v. Estigma. La famosa obra de Goya, El aquelarre (1797-1798) fue encargada al pintor español por la duquesa de Osuna (María Josefa Pimentel), contrario a lo que podría pensarse, la pintura no hace más que denunciar creencias absurdas, promovidas por la iglesia y la cultura popular, que estigmatizaban a aquellas mujeres que se rebelaban ante la imposición de la sumisión, como la misma duquesa. vi. Romper modelos. Dos siglos después, Rosario Castellanos escribió: «Con una fuerza a la que no doblega ninguna coerción; con una terquedad a la que no convence ningún alegato; con una persistencia que no disminuye ante ningún fracaso, la mujer rompe los modelos que la sociedad le propone y le impone para alcanzar su imagen auténtica y consumarse —y consumirse— en ella».vii. Contestar. En su Diccionario de uso del español, esa especie de resistencia secreta, María Moliner define este verbo así: «Oponer alguien objeciones o inconvenientes a lo que se le manda o indica: Haz lo que te dicen y no contestes».viii.La guerra en nuestro cuerpo. En 2021, la escritora tamaulipeca Cristina Rivera Garza reeditó su libro La guerra no importa (1991) con el título de una de las frases de las protagonistas de aquellos cuentos: «Andamos perras, andamos diablas, dicen, con la soledad a cuestas». Y escribe: «Tal vez así andábamos mi hermana y yo [su hermana Liliana, víctima de feminicidio]. Tal vez así andábamos todas, tratando de escapar a destinos impuestos en una ciudad que se nos venía encima, con sus garras y sus dientes. Tal vez llevábamos ya los pasos de la guerra dentro de nuestros cuerpos». viii.Cuerpo contra cuerpo. El cuerpo es la voz y la voz es el cuerpo. El cuerpo es la autora y la autora es el cuerpo. ¿Qué es lo que sucede cuando un cuerpo es despojado de su propio texto?ix.Resistencia. Siglo XXI, la Querella no termina. Seguimos recuperando cuerpos colonizados; seguimos siendo una amenaza visible para el sistema patriarcal ocho siglos después. Las mujeres en Afganistán han sido borradas de la vida pública, despojadas de sus derechos fundamentales; se les ha vuelto a negar el derecho a la educación; su cuerpo ha sido cubierto de pies a cabeza. El cuerpo, su texto, ha sido cancelado, su narrativa borrada. Sus ojos ven la vida que se les arrebata (de nuevo) a través de una rejilla diminuta de tela. x. Listas para morder. La recuperación de nuestro cuerpo es nuestra resistencia. Porque si las fauces que «se clavan con fiera letalidad en nuestros cuerpos son todavía las mismas», ahora nosotras también abrimos las nuestras para responder la dentellada, «hartas ya de tanta violencia y desamparo, listas para morder. Es el tiempo de la reparación», citando algunas frases de Cristina Rivera Garza. Reparar desde la palabra, vindicar a través de la palabra.