Poesía y ciencia

Sabemos que ciencia y poesía no son campos aislados. Qué es lo que
le permite la poesía a la ciencia y viceversa, es un campo que aún
sigue floreciendo, lo mismo que los cuestionamientos que se pueden
hacer a la ciencia desde la poesía.
Ambas necesitan de la imaginación y la curiosidad. No hay ciencia
sin imaginación ni poesía sin imaginación. Una pregunta. Algo
desconocido. Un detonante. La imaginación es el motor. La
imaginación de la ciencia se abraza a los hechos que se pueden
confirmar, lo comprobable; la de la poesía, a la subjetividad de la
percepción particular de un fragmento del mundo. Ambas, desde sus
muy particulares lentes y herramientas, miran con asombro su
entorno.

La primera prueba de la bomba atómica llevó por nombre Trinity
(trinidad), tema tratado en la poesía del inglés John Donne, poeta,
predicador y teólogo, que vivió entre 1572 y 1631, leído por Robert
Oppenheimer —por recomendación de su amante, Jean Tatlock. El físico
teórico estadounidense llamado “padre de la bomba atómica”, bautizó
así aquél ensayo, impregnando ese artefacto de destrucción masiva
con esta referencia, el poder divino de dios, pero en sentido
inverso: no el poder del creador de mundos, sino el de destructor de
mundos. Una visión subjetiva (la de Donne) compaginada con un hecho
atroz (la potencia destructiva de la bomba atómica). Una evocación
escalofriante.

“Mirar el exterminio y sentirel orgullo de un padre.”

La poeta mexicana Elisa Díaz Castelo, recuperó este vínculo entre la
bomba atómica, Robert Oppenheimer y la subjetividad de la poesía en
el libro Proyecto Manhattan.
La poesía permite cambiar el punto de vista desde el cual se ha
contado una historia, ésta, la de hombres de ciencia contada
múltiples veces por otros hombres de ciencia, del cine, biógrafos e
historiadores. La poesía de Elisa Díaz Castelo da voz a esas
historias mudas. O mejor dicho, no da voz, crea un espacio para la
voz, para esas otras voces que quedaron bajo el velo de la Historia
con mayúscula.
En su libro, encuentran un espacio las voces de aquellas mujeres que
trabajaron en la creación de la bomba (muchas de ellas sin saberlo),
pero también las de la esposa (Kitty Oppenheimer) y la de la amante
(Jean Tatlock) del físico.

Poesìa y ciencia Oppenheimer Proyecto Manhattan

Cada verso pone el ojo en la frágil relación entre ética, moral y
ciencia: aquellas mujeres usadas como instrumento para crear un arma
de destrucción masiva, la musa vaciada y aniquilada por la
indiferencia del hombre-creador, la esposa consumida por el ego del
genio, por el resquebrajamiento del paisaje provocado por el genio;
el genio mismo preguntándose si.
Todas estas historias que parecen ajenas a la historia de la
ciencia, son la parte —diría— subjetiva de ésta. ¿Se puede hablar de
subjetividad en la ciencia? Este costado, atravesado por la poesía,
escapa a lógicas de lectura limitadas por posiciones de autoridad
que obstaculizan una vinculación emocional con los hechos, un
vínculo que resuena más (en mí, y tal vez en ti también) que un dato
duro, una cifra, un resultado, una fórmula. La poesía vuelve cercana
a la ciencia, la hace interpelarnos de manera directa. La hace
hablar un lenguaje que conocemos: el de las emociones universales.
El de la imaginación. La poesía es el lugar donde el lenguaje de la
ciencia, que puede ser árido y lejano, cobra una sensualidad
inesperada.

La misma Elisa Díaz Castelo escribe, para la Revista de la
Universidad, sobre Ada Lovelace, conocida como la primera
programadora de computadoras, matemática británica decimonónica e
hija del poeta Lord Byron, quien durante sus últimos años de vida,
intentó escribir poemas matemáticos, “una visión astronómico
matemática de los cielos”.
La ciencia es imaginación, la poesía es imaginación, la lectura
también es imaginación. Y en ese reino, donde se cruzan las miradas
y las curiosidades, se puede empezar a conversar. Y en ese reino,
unidos por la imaginación, podemos encontrarnos.

No te pierdas la Jornada de poesía y ciencia con Rocío Cerón, el
próximo jueves 14 de agosto en Casul.

*Elisa Díaz Castelo, Proyecto Manhattan, México, Antílope, 2020.


Las actividades son de entrada libre. CASUL se reserva el derecho de admisión una vez alcanzado el cupo máximo.


CASUL se encuentra ubicada en Orizaba 24, colonia Roma Norte, Alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México.
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